No es infrecuente la reinvención de acontecimientos históricos. La escriben los vencedores sobre los derrotados. También los hombres sobre las mujeres. Franco se dedicó a destacar su protagonismo como director del golpe del 36, disminuyendo el papel de Calvo Sotelo, Sanjurjo o Mola. Él los sobrevivió -con poder absoluto- a todos para poderlo hacer. Stalin hizo lo propio en Rusia con Trotsky y demás revolucionarios para destacar su rol como heredero de Lenin. Lo han hecho todos los regímenes totalitarios. Sobre la supresión o la manipulación de la memoria Tzvetan Todorov, premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales, expresa que “lo que la memoria pone en juego es demasiado importante para dejarlo a merced del entusiasmo o la cólera”.
La Junta de Andalucía se ha dejado llevar por el entusiasmo o la cólera, por el rencor o el espíritu de revancha al orillar a Plácido Fernández Viagas y a Rafael Escuredo en la denominación de las medallas de Andalucia. Se va a cambiar el logotipo de la Junta y el ceremonial de entrega de las medallas de Andalucía. Son sus competencias. Pero dedicar una medalla de Andalucía sólo a Manuel Clavero como “padre de la Andalucía moderna”, olvidando intencionadamente a Fernández Viagas y Escuredo, primeros presidentes de la Junta de Andalucía y claros conductores del proceso autonómico - por su ideología - es un acto de sectarismo intolerable. Constituye, sobre todo, una evidente manipulación de la historia reciente de Andalucía.
La autonomía reanudó su difícil andadura, tras la guerra y el fusilamiento de Blas Infante, Padre de la Patria Andaluza, con una Comisión Coordinadora de las Diputaciones en 1976. Tras las elecciones de 1977 se creó una Asamblea de Parlamentarios que convocó -con todos los partidos- las multitudinarias manifestaciones del 4 de diciembre de 1977. Se constituyó en Cádiz la Junta de Andalucía en mayo de 1978 que eligió a Viagas, se firmó el Pacto de Antequera y vinieron los conflictos con el gobierno de UCD de Adolfo Suárez, las valientes dimisiones de Clavero y Valdecantos, -convicciones antes que sillones- la huelga de hambre de Escuredo, el referéndum del 28 de Febrero de 1980, con su estrambótica pregunta, y, tras el desbloqueo logrado por Escuredo, la victoria definitiva de la autonomía andaluza por el 151 de la Constitución. Sin privilegios pero sin discriminación. 39 años más tarde el PP reescribe la historia.